miércoles, 9 de abril de 2014

Creative Commons y el futuro


Creative Commons

En esta entrada toda hacer una pequeña reflexión sobre las licencias Creative Commons y los recursos educativos abiertos, y el tema me encanta.

Como fiel seguidor de algunas distribuciones de Linux, y estando de acuerdo con la filosofía de software libre que impera en dichos sistemas, he de decir que me parece, más que un acierto, casi una obligación, el que los recursos educativos sean libres y gratuitos para todo aquél que tenga la necesidad de acceder a ellos. Me parece inconcebible, en los tiempos en los que estamos y con la facilidad que existe para compartir la información, que se intente poner vallas al campo y atar, o limitar, el acceso de la gente a la información, y en este caso a los recursos educativos. Pero, ¿cuál es el problema de base? Obviamente los intereses económicos de quienes crean los productos, que buscan lucrarse con cada cosa. Lo cual, por otra parte, me parece lógico también. Una persona no abre una empresa pensando en el altruismo, sino en la ganancia.

Como bien afirman los idearios del software libre, Richard Matthew Stallman por ejemplo, una persona ha de poder usar un software (una herramienta) de forma gratuita, debe de poder mejorarla si cabe, y aportar esa misma mejora al resto de la comunidad para que salga beneficiada. Y si una empresa usa esa herramienta gratuita para resolver un problema, sí que es lícito que gane dinero con ese uso. Pero no que por el hecho mismo de crear una herramienta necesaria para el resto se limite automáticamente el uso de la mayoría por no poder acceder a ello. Pero como digo, esto será así, pues nos mueven los intereses.

¿Qué son las licencias Creative Commons? Licencias de autor que permiten la distribución, exhibición, copia e incluso creación de obras derivadas, de las obras originales de los autores que se acogen a este tipo de licencias.

Existen varios tipos, y en función de la combinación que se escoja se podrá, por ejemplo, copiar y distribuir a cuanta gente se quiera tanto con fines económicos como con la prohibición expresa de dichos intereses.

Son cada vez más, aunque todavía minoría, los autores que se acogen a este tipo de licencias, y bajo mi punto de vista, no hay nada más humano que permitir que una persona pueda, una vez haya adquirido, por ejemplo, un disco de música, compartirlo con sus allegados, reproducirlo en un bar sin pagar un canon, sin tener que estar sintiendo en la nuca el aliento de la máquina encargada de venir a exigirle responsabilidades. Es inevitable. Cada vez somos más accediendo a la red, a los recursos, y no se puede, por mucho que se quiera, evitar que la gente comparta las cosas. Por tanto, ¿acaso no es la aparición de este tipo de licencias una consecuencia del avance de la civilización hacia lugares nuevos?

He llegado, navegando de forma gratuita por la red, a la siguiente página, un blog de internet en el que se nos informa de las distintas licencias Creative Commons que existen y aparte de ello se actualiza el muro con noticias relacionadas con el tema.

El funcionamiento de la página es bastante sencillo, donde podemos encontrar una sección en la que se explica el funcionamiento y la idiosincrasia del sitio, otra sección de preguntas frecuentes y otro en el que podemos encontrar el tipo de licencias que existen y un listado con productos que se han acogido a este tipo de licencias. Bastante completito.

Conclusión.

Creo que éste es el futuro. El ser humano tiene una ventana abierta a la información, y por naturaleza queremos conseguir las cosas de forma gratuita, o al menos pagar poco por ellas. Esto no es bueno ni malo, es normal. Quien se anquilose en el negocio del copyright del siglo pasado me temo que estará abocado al fracaso, y los que quieran subirse al carro, deberán adaptarse al movimiento de las olas.

Por cierto, nunca ha resultado tan fácil que una autor de a conocer su obra. Hay mucha oferta, y la mayoría se pierde en la red, pero si eres hábil y usas los mecanismos que pone a tu alcance, puedes darte a conocer.

martes, 8 de abril de 2014

Gamificación de la vida


Cito textualmente de la Wikipedia:
“La ludificación, también traducido como gamificación, es el uso de técnicas y dinámicas propias de los juegos y el ocio en actividades no recreativas”.
¿En qué consiste por consiguiente esto de la gamificación? Muy sencillo. Introducir elementos lúdicos y provenientes de los juegos en actividades que, a priori, pudieran ser aburridas, consiguiendo de esta manera que dicha actividad sea mucho más motivante y entretenida para el implicado. Y si el implicado está entretenido y motivado, estará más atento. Y si está más atento, en consecuencia, lo hará mejor. Sea lo que sea.
Este concepto no es completamente nuevo, puesto que lleva utilizándose tanto en la empresa como en la educación desde hace ya algunos años, aunque sí que es cierto que es partir de 2010 cuando comienza a popularizarse, y según las fuentes, debido a 3 factores clave:
·         Crecimiento de la industria de los videojuegos. Ya no se consideran como algo para niños, sino que cada vez más adultos invierten en jugar gran parte de su tiempo y su dinero.
·         Intensificación del acceso a las nuevas tecnologías.
·         Estudio de las teorías del juego se ha intensificado y estandarizado (ludología, Teoría del diseño de juegos…)
¿En qué consiste esto de la ludificación? En conseguir convertir un objetivo aburrido en un reto atrayente y estimulante para el sujeto en cuestión. Sin duda, vemos aquí que entran en juego factores psicológicos como la motivación, premisa imprescindible a la hora de que cualquier persona se implique en cualquier proceso, independientemente de la índole que sea.
¿Qué se tiene en cuenta a la hora de aplicar dichas técnicas?
Tres factores son los más importantes.
El primero de los factores son las mecánicas de juego, es decir, los distintos procesos lúdicos que se sustentan en algunos de los comportamientos básicos del hombre: recolección (coleccionar cosas), puntos (conseguir incentivos), comparativas y clasificaciones (competitividad del hombre), niveles (dando estatus), feedback (retroalimentación del sistema).
Podemos fijarnos, por ejemplo, en la importancia del feedback en las redes sociales. Obviamente, cuando hago un comentario en mi Facebook o subo una foto, pueden ocurrir dos cosas. Que todo el mundo lo comparta, que lo valore con un “me gusta”, o que por el contrario nadie le haga ni caso. Obviamente, en el primer supuesto la motivación que generaré para crear nuevas entradas será mucho mayor que en el segundo caso. Es decir, el feedback de la plataforma, y en este caso gracias a los demás miembros de la comunidad, es un estímulo clave a la hora de conseguir una mayor o menor motivación.
El segundo, las dinámicas de juego, que podría definirse como la forma en la que el usuario percibe la actividad y actúa, en función de los objetivos que deban alcanzarse. En algunas actividades se perseguirá el compañerismo, en otras la competencia…
El tercer factor son los componentes del juego, es decir, las aplicaciones específicas de la actividad que se va a desarrollar.
¿Cómo afecta esto de la ludificación al proceso de aprendizaje?
El ámbito educativo es sin duda uno de los campos en los que con mayor “facilidad” se pueden aplicar todos estos conceptos. ¿Quién no ha conseguido un premio al llegar el viernes por ser el “alumno con mejor comportamiento”? Siempre ha habido “macarras” sin ningún tipo de interés en estos quehaceres, pero por lo general éramos muchos los que buscábamos que la profesora nos diese ese pequeño detalle. Y esto no solo ocurre con el comportamiento, sino que también puede servir como estímulo para que un niño aprenda, premiando igualmente el que hagan las tareas, el que participen en clase, el que sean buenos compañeros…
¿Cuál es mi herramienta favorita actual del proceso de ludificación?
He de confesar que no soy muy forofo de los videojuegos, pero creo que esconden tras de sí un gran potencial. A todos los jóvenes, o al menos a la mayoría, nos…les…os…, bueno, es igual. A todos los jóvenes nos/les/os gusta jugar.
Mejor dicho, a todos los seres humanos nos gusta jugar, independientemente de la edad que tengamos. Eso nos diferencia de otros mamíferos, que al llegar a la etapa adulta bostezan entre bocado y bocado y pasan durmiendo la mayor parte del tiempo libre que tienen, intentando quitarse de encima a sus crías revoltosas.
¿Por qué los videojuegos? Porque tienen un gran potencial. Son un objeto de culto, nuestros jóvenes pasan horas frente al ordenador jugando, y si a eso le añades el que hoy en día la mayor parte de los juegos están enfocados a la red, es decir, fomentan una cierta rivalidad a la hora de ir consiguiendo prestigio (niveles) y premios (puntos), vemos un claro nicho en el que poder introducir elementos pedagógicos o educativos. Por ejemplo, puzles o enigmas que desarrollen la lógica del jugador, interacción entre los mismos para potenciar el aprendizaje de reglas sociales o de comportamiento… y sin duda, muchos grupos de investigación, mucho más “puestos” que yo en el tema, se han dado cuenta hace tiempo y estudian precisamente esto, el impacto de los juegos en nuestras vidas y su posible utilización para aprender.
Y por último, una aclaración a la cuestión de si el hombre juega a lo largo de toda su vida.
Me crie en un bar. Tras dar los menús, y una vez la gente había tomado café, el bar se vaciaba… pero, tras media hora, ¿adivinan quienes lo llenaban? En efecto. Septuagenarios, sexagenarios, octogenarios. Todos con un mismo fin. “Echar una partida al truque”.
Bibliografía:

 

martes, 14 de enero de 2014

Delirios

¿Está todo escrito? ¿Es darle vueltas a lo mismo una y otra vez, o tan solo mis palabras son el resultado y la consecuencia de una mente mediocre que en algún momento de su crecimiento se quedó estancada? ¿Se me escapa algo en mi día a día? ¿Caen las hojas en Otoño, planean mecidas por la suave nana del susurro del viento sin un rumbo fijo y sin ningún firme terreno que ponga fin a su vuelo? No lo sé, nadie lo sabe. El blues sale, brota, mis venas se abren y aquello que soy, aquello que huelo, aquello que me empapa por dentro se derrama por las baldosas, se filtra hasta el corazón de la Tierra, venciendo el férreo asfalto y convirtiéndome en nada.
La más profunda locura me invade y soy consciente de mi neurosis, pero no hago nada por remediarlo.
Cuando hago lo que hago buscando conseguir algún fin, jamás llego a donde pretendo. Solo hallo en mi camino cruces, pérdida, rocas. La vida pasa rápido ante mí y parece que no tengo ningún control del tiempo ni de ella misma. Los días se repiten y ajeno a ellos divago por los rincones de mi mente, dejo que me domime siendo consciente de que me llevará hasta terrenos de dolor. Pero no me importa.
Cuando no hago nada aparte de caminar por el mundo sin otro propósito que dar el siguiente paso es cuando verdaderamente el reloj se detiene, las horas se hacen eternas y las ciudades pequeñas, las calles se agrandan y cada uno de los soportales esconde una vida, un universo en pequeño.
Y no es precísamente cuando estoy en este estado que pienso, sino que por el contrario me dedico a contemplar, a observar los matices que componen todo cuanto me rodea, a sentir aquello que esos matices me hacen vivir. Y las palabras dejan de tener sentido, y aquello que pienso carece de importancia, pues un gran universo se presenta ante mí, en un árbol, en una calle, en una sonrisa, en una mirada, en un café, en una mañana, en una paloma, en un aroma, en un pitido de un coche al que otro se le ha cruzado. Y entonces no pienso, ¿está todo escrito? Porque quizás no haya nada que escribir.
Pero ese momento pasa, y mi mente vuelve todavía más ávida de conocimiento, de buscar una explicación para todo, algo que la tranquilice, que la saque de ese absoluto miedo en que vive, que de un poco de tranquilidad, de sosiego, a su permanente caminar hacia ningún sitio.
La idea de la muerte ronda cada día mi cabeza, la muerte que sin duda un día llegará, y que condiciona mi vida, pero, ¿condiciona mi vida mi propia vida? Todo terminará algún día, más tarde o más pronto es lo de menos, tan solo acumularemos unas pocas más de experiencias. El mundo seguirá igual, nosotros seguiremos igual, todo seguirá igual.
¿No son nuestros aires de grandeza los que nos conducen hacia el sentimiento de querer buscar un sentido a nuestra vida, hacia la idea de querer dejar huella en esta tierra, de querer ser algo, de ansiar ser alguien, de labrarnos un destino, de mejorar? ¿Para qué? La muerte está ahí, presente, en cada esquina vela por nuestra seguridad para asegurarse ser ella y no otra quien marque nuestro final.
¿Y si la muerte es sencíllamente el final? ¿Y si no hay nada tras ese momento? ¿Acaso importa? ¿Por qué tanta preocupación, por qué basarlo todo en un ínfimo instante, en un momento que pasará y que tras el cual, de momento, no sabemos que haya nada? ¿Por qué? ¿Por qué?
Todo en la vida son preguntas, cuyas respuestas no son en el fondo otra cosa que preguntas nuevas. ¿Acaso es el precio de nuestra libertad el querer irremediablemente encontrar un sentido a nuestras vidas, dibujar nuestro propio camino basándonos en aquello que sencillamente nos haga sentir bien? No busquemos ningún sentido, ningún tipo de trascendencia, no busquemos ser buenos, ni malos, ni correctos ni incorrectos. ¿Por qué? ¿Para qué?
La muerte, el condenado miedo a no tener la certeza de qué pasará, la condenada preocupación que provoca el no saber nada, absolútamente nada. Somos libres, pero, ¿cómo ejercemos esa libertad? Y, ¿somos libres para qué? Ahí está. ¿Somos libres para qué? Libre albedrío, parece que nos aporta más quebraderos de cabeza que otra cosa, pero al tiempo, cuando tomamos una decisión, sentimos algo que otros seres, no racionales y que no eligen, no sienten, o al menos eso creemos. Pero, vayamos más lejos, vayamos hacia lugares en los que nadie haya estado todavía, lugares en los que tan solo nosotros podamos vivir.
El tiempo, a medida que vamos creciendo, va tomando un significado diferente.
Cuando somos niños no vivimos igual que cuando las obligaciones de adultos nos atenazan, nos subyugan y obligan a pasar por el aro la mayoría de las veces si queremos llegar a fin de mes, pagar la hipoteca, y en definitiva, poder permitirnos el tipo de vida que se supone hemos de llevar. A la mierda con todo eso.
Estamos tan desvalidos, somos tan pobrecitos, que si no tenemos a alguien que guíe nuestras vidas no somos capaces de vivier con sentido. Pero, ¿es ésto cierto en el mundo actual, en la sociedad en la que vivimos, acaso no impera hoy una falta terrible de valores y de guías, llamémosla como queramos? Por supuesto que no, hoy en día adoramos a miles de deidades, pero condensadas todas en una. En el dinero. Adoramos al Dios Dinero, y es él quien rige nuestras vidas.
Bien, dejémoslo claro, deliremos sin es preciso, pues tan solo en el delirio se encuentra la respuesta en numerosas ocasiones. Dejemos a un lado convencionalismos, dejemos de razonar tal cual nos enseñaron, dejemos de repetir una y otra vez el mensaje que nos transmitieron unos pocos en su día. Pero, ¿no nos damos cuenta de que estamos dando vueltas sobre el tocadiscos cual vinilo que se repite? ¿En qué hemos cambiado? ¿Vivimos hoy con menos preocupaciones que ayer? ¿Han sido respondidas las preguntas? ¿Hemos hallado respuestas? De acuerdo, conocemos un poquito mejor el mundo de ahí fuera, y la ciencia está desentrañando los misterios químicos de piel hacia dentro, pero, aparte de eso, ¿qué?
La muerte nos acecha, tras cada esquina se esconde y vela porque lleguemos a su encuentro sanos y salvos, ella y tan solo ella quiere tener el privilegio de llevarnos hacia el lugar que tan solo ella conoce.
Unos dicen que el paraíso, otros que la reencarnación, ¿qué más da? Es tal, como digo, nuestro desamparo, que andamos como niños pequeños intentando encontrar unos brazos que nos sostengan. Eso nos da tranquilidad. Como barcos sin rumbo navegamos por el mar de la humanidad, y en cada puerto atracamos a ver si lo que nos venden nos convence. A veces encontramos algo que nos satisface durante un tiempo, otras veces no encontramos nada y elevamos de nuevo el ancla, pero, ¿y si no encuentras en ningún puerto nada que haga merecer la pena el no seguir navegando?
Y, ¿por qué ha de ser ésto así? ¿Por qué cojones hemos de aceptar cuanto nos dicen o nos han dicho?
Aquello que mama de otra cosa, tiene siempre una misma base. ¿Por qué no elevar el ancla sin miedo a no parar más que cuando sea extríctamente necesario, cuando las provisiones se agoten? Quizás la única respuesta pueda venir de dentro.
En un mundo en el que tenemos cuanto necesitamos, y mucho más, en un mundo que nos vende constantes entretenimientos con los que poder ocupar nuestro tiempo, parece que no hay nada más. Parece que somos dependientes de todo, y parece que es la muerte la que guía a aquellos desalmados que caminan sin rumbo por el mundo, pero, ¿qué sabrán los que se adhieren?
No me sigas, que no te seguiré. Ve por tu camino que yo iré por el mío.
Te saludaré si me cruzo contigo, y si puedo te ayudaré, porque me sale de los cojones, y no por el imperativo categórico de una deidad, o de quien intente razonármelo. Soy agradable contigo porque quiero serlo, porque quizás hasta me beneficie serlo.
Pero como digo, camina por tu sitio si eres capaz.
Ahora lo veo.
Valiente es aquel que eleva el ancla sin miedo a no encontrar un puerto en el que descansar.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Primera entrada

¿Por qué un lugar como éste? ¿Por qué un lugar donde poder reunirse con cualquier persona y donde poder exponer los pensamientos de una forma libre y sin censura? Porque es necesario.
Jamás, si no hay libertad, podremos llegar a ser lo que verdaderamente somos, seres humanos capaces de cambiar y adaptar nuestro entorno a las necesidades de todos. ¿Por qué? Porque somos una gran familia, porque yo no soy sin tí, ni tú eres sin mí, aunque no me conozcas. Ha pasado ya el tiempo en que los grupos humanos deambulaban por el mundo sin apenas cruzarse con otros. Hoy en día todos estamos conectados de alguna manera, y más si cabe en la era de la globalización informática. Lo que ocurre en mi ciudad natal, Albacete, en un instante puedo conocerlo si me hallo por motivos laborales en India. Por ejemplo.
No podemos seguir dando la espalda a lo inevitable, a un mundo globalizado y conectado, en el que todos debemos tomar parte activa para dejar de ser sujetos pasivos a merced del viento que sople - viento, obviamente, dirigido -. No me atrevo a decir que es nuestra obligación, pues somos libres de hacer lo que queramos, pero, ¿seguiremos siendo libres en un mundo en el que no se luche por el bien común y en donde tan solo nos preocupemos de nosotros mismos de forma individual? Me temo que la preocupación por lo común asegura la libertad individual, y la creación de un marco social agradable y seguro afecta diréctamente en la libertad y el bienestar individual.
Por todo ésto, y por mucho más que irá surgiendo, abro este lugar, uno de tantos que se pueden encontrar por la red.
Quiero mandarte un fuerte abrazo, y decirte que aquí puedes ejercer tu libertad, y puedes plasmar tus pensamientos de forma libre.
Bienvenido.